Articolo Riva - Bandoneon

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Articolo Riva

"ULISES Y SU BANDONEÓN"

di Hugo Riva

ULISES Y SU BANDONEÓN                                      
Más allá de la excelencia

Se abre en lenta inspiración. Parece detenerse en el aire y deja ver sus pliegues en u n amplio gesto generoso. Todo comienza a llenarse de sonidos c ada vez más nít idos, hasta que se van reconociendo algun os acordes. El aire se pone en vibración al desplazarse dentro del instrumento, ocupando sus espacios. Se convierte luego en voz que nos sacude, nos estremece interiormente , hasta que el fuelle ac ompaña el descenso y se abre el silencio.
Silencio que no es ausencia sino ocasión para encontrarnos.

Ingresamos en un ámbito de expectativa donde, de modo imperceptible, quedamos anhelantes por lo que continuará. Somos sentimiento puro. No hay contingencia y la música nos va invadiendo. Es Héctor Ulises Pasarella con su bandoneón. En un instante único se ha logrado conjugar el mensaje del autor, del intérprete y la vivencia del público; es una trilogía donde pueden convivir diferentes sensibilidades, y ahora parecen estar identificadas en una instancia única, que se siente poco menos que irrepetible… eso es comunicación en grado máximo. Así, la obra musical remite a la más honda intimidad. Estamos en un espacio exterior amplio, rodeados de personas; pero el silencio inicial y las primeras notas poco a poco se tornan envolventes, desafiantes, desde que vamos accediendo al mundo espiritual.
Nos complace hablar de Ulises, aunque pueda ser otro el momento de escribir su biografía. Ya es conocida, pero se podrían mencionar algunos de sus momentos que han sido esenciales: los primeros pasos por la música en Florida, añorada ciudad natal; la partida desde Uruguay a Italia, con su instrumento, en pos de otros horizontes; su constante valoración de los primeros maestros; estudio y desarrollo de cualidades a lo largo de años; una muy merecida cosecha de éxitos; el invariable y caluroso retorno a sus más hondos afectos y a las raíces primigenias… En esa breve enumeración no se agota una visión de su multifacética personalidad, muy rica en valores, afectos, experiencias, capacidad de revisión y análisis, con inquebrantable voluntad de superación. Iremos en procura del alcance y la significación que han tenido algunos de aquellos rasgos definitorios; esa suerte de melodía de la existencia que se enriquece cada día con variedad de notas, que se nutre de los acontecimientos puntuales y va más allá de ellos. Esa melodía vive en forma subyacente; está nutrida de rasgos que se han ido consolidando con el tiempo, desde que éste ofrece la oportunidad de proyectarse, uniendo el presente y los recuerdos. El primero y acaso más profundo, que destaca en Ulises desde sus inicios en la música, es de una sencilla complejidad: su vocación constituye un modo de ser y de vivir que está indisolublemente unido a una auténtica pasión. Su trabajo es su pasión, sin dudas. Su fortuna. Es un hombre de un tiempo y un lugar, para quien el futuro existe como oportunidades a crear que es preciso ir conquistando. Por eso sus objetivos no están solamente a breve plazo, sino siempre en la zona de los desafíos aceptados. Constituye la marca de su existencia, vivencia que aparece con claridad en cada una de sus actuaciones.


Luego del primer instante, al avanzar en su contacto con el bandoneón , Ulises se mueve, se eleva, parece caer ; su cuer po realiza una suerte de brinco inesperado, en tanto el rostro se contrae y transita desde el ceño fruncido hasta una increíble sensación de serenidad.
Está viviendo la música y todo su cuerpo explaya la emo ción y el placer que le produce; también el movimiento pone de relieve su manera de disfrutar en la realización.

Entonces el bandoneón abre todo su fuelle, se deja invadir; de pronto parece golpear con un sonido violento que después nos acaricia y conduce hasta nuestra más soterrada intimidad. La continuidad armónica del sonido se ha logrado. El intérprete, con lucidez, esfuerzo y pasión, nos ha impregnado de sus ritmos interiores. ¿Cómo es posible esa suerte de comunión? La respuesta nos conduce a otro rasgo identitario de Passarella, vinculado a la constante búsqueda de los recursos expresivos adecuados; se sostiene en su clara  convicción de que no es aceptable transar con el lugar común y la ramplonería, con la facilidad que concita aplausos luego de los cuales no queda nada…ni se entrega nada a otros. Como resultado de su radical modo de ser, Passarella ha ido sorteando las tentaciones y riesgos que atraen a muchos que tienen cualidades destacables; en los hechos ha optado por las exigencias de su vocación, más que por una superioridad que en algunos puede confundirse con la fama, el elogio y la aprobación.  
Hay atajos que no conducen a ninguna parte. En cuanta actuación realiza encontramos otra constante: es muy exigente. En primer lugar consigo mismo, porque allí se hunde una actitud frente a la música y al público, producto de su búsqueda permanente hacia lo mejor. Y luego (aunque a veces no satisface a algunos) es muy exigente con los músicos que le acompañan, quienes, como él, forman parte del espectáculo. La verdadera virtud parece radicar en la esencia misma de la persona, y Ulises tampoco cede en ese nivel; está lejos del facilismo y la indiferencia, porque le nutre –ya desde muy joven- un coraje a prueba de efímeras satisfacciones. Y un alto grado de estoicismo que sabe silenciarse, aun en  circunstancias adversas. Encontramos un claro conocimiento de sí mismo, aliado a la humildad necesaria para reconocer que se tiene un don, que debe dejarlo actuar pero además esforzarse mucho para que se desarrolle y poder orientarlo. Es notorio, como se dijo, que implica una preocupación permanente por superarse, por llegar a lo mejor, actitud que nunca es resultado de una postura elitista; sería muy erróneo entenderlo así. Ulises continúa y seguirá estudiando los misterios de ese instrumento que le acompaña desde la niñez. Puede interpretar en forma excelente el tango tradicional, así como crear y abordar con calidad interpretativa al más contemporáneo. Rechaza todo tipo de concesiones a la improvisación no creadora; y tiene muy claro que los valores culturales de una sociedad no pueden quedar sometidos a los vaivenes de las exigencias del mercado. La obra artística nos libera de las trabas de lo sensible y abre caminos para volcarnos hacia nosotros mismos; no puede prescindir de la vida espiritual, postulando un vínculo entre el mundo exterior y nuestra alma. Nuevamente están ahí, frente a nosotros, el floridense Ulises y su bandoneón.
A sus cualidades artísticas, por lo dicho, va uniendo el estudio ahincado de la música y su evolución; el conocimiento de los orígenes de su instrumento; de las diversas habilidades que siempre exige el bandoneón. En especial, la voluntad de no escatimar un constante y esforzado perfeccionamiento de las técnicas, que permiten que afloren la sensibilidad del autor y aquella del intérprete; es que al autor y al instrumento se les debe conocer muy bien.   Resulta indispensable que se exploren y apliquen todas las posibilidades, lo que implica ensayar y analizar sin pausa para que, al pasar por el tamiz de la sensibilidad, logren llegar directamente al público. Es notorio en todas sus intervenciones, producto de serena reflexión. Lo ha explicitado con elocuencia: en el contacto con un tema musical, más que “sonar” es preciso interpretar. Tarea compleja que involucra variedad de aspectos vitales. Sin adecuada pericia en la ejecución, se malogra el intento de lograr la mejor expresión. Y por ende, se corre el  riesgo de que la comunicación se desdibuje. Desde joven supo integrarse a un mundo de cultura personal e institucional donde la disciplina y el esfuerzo se han ido forjando como naturales hábitos del artista, modo de ser en colectividad que construye el entramado de la persona y la sociedad. En él, por agregado, se identifica con una vivencia ética notoria, marcando la convicción de que se tienen derechos pero también deberes. A lo que responde con serena convicción. Cuanto hemos referido de su sentido de responsabilidad surge, resulta evidente, de una natural coherencia consigo mismo. Passarella no puede ser de otra manera porque se respeta y hace lo propio con los autores y el público, con sus alumnos y con aquellos ignotos amantes de la música que pueden residir en cualquier lugar del mundo. Demostración de esa inquieta y abarcativa dimensión profesional, es que Ulises también ha incursionado en la música electrónica; lo ha hecho con singular éxito junto a su hijo Roberto, creador y excelente músico. Un nuevo
horizonte, una desafiante posibilidad, múltiples y variadas exigencias. Con seguridad y satisfacción ha logrado adaptarse a las sonoridades de otros ritmos y estilos; en esa nueva tierra, con propuestas variadas pero sin desentonar, ha introducido la calidez del bandoneón, su presencia humana, fresca y envolvente. Y su impronta personal. De este modo ha transitado desde los estilos clásicos (Bach, Frescobaldi, Purcell), a los del tango tradicional (Troilo, Plaza, Arolas), llegando a los tiempos modernos (Piazzolla) y a lo contemporáneo (el propio Héctor Ulises Passarella). Nos hemos referido a la valoración de sus maestros y de quienes le han alentado para continuar su desempeño profesional. Nunca deja de mencionarlos y señalar cuán importantes han sido en su formación y en los distintos momentos de su actividad profesional, con la validez de sus consejos. Por sus recuerdos desfilan Oscar Raúl Pacheco, René Marino Rivero, Guido Santórsola, Astor Piazzolla…y tantos más a quienes nunca deja de reiterar su muy hondo afecto. Son variados aportes, distintas generaciones entre las que no se establece hiato sino continuidad que estimula. Reconocimiento y valoración vinculados a etapas de su vida, donde se unen pasado y presente, tradición e innovación. Estamos así ante otro de los rasgos que caracterizan a Passarella, como persona y como artista creador: su sincera capacidad de admirar, que implica elegir e instaurar un mundo de valores compartibles. Constituye una vivencia espiritual poco frecuente, reveladora de un alma generosa, abierta a la vida; porque solamente es capaz de admirar quien tiene además una vida interior impregnada de profunda espiritualidad. La persona admirada constituye así un modelo viviente que llama a la continuidad creadora, no a la sustitución. Se
reconocen, eligen, despiertan e instalan valores que tienen y concitan vitalidad; que rescatan lo mejor de cada uno y permiten establecer un continuo existencial que proyecta más allá de las individualidades, pero que nunca deja de  incluirlas. En esta línea de pensamiento resulta indudable –y es una de sus preocupaciones- que tales características tienen un alcance social profundo, que pueden habilitarnos a ingresar en el futuro con sensibilidad y lucidez. Si un pueblo desarrolla capacidad de innovación, espíritu crítico y sensibilidad solidaria, tiene mucho en sus manos para crear un mundo real de paz y libertad.

Parece que lo vemos.
Aquel muchacho bueno, al parecer “tan pálido y tan triste” (como dice el tango) lleva bien protegido su bandoneón y avanza hacia Italia. No piensa conquistar Europa ni hacerse famoso. Quiere estudiar, aprender, perfeccionarse; ha seguido los oportunos consejos de sus maestros .

Pasan los años. Entre sus mejores recuerdos van quedando los primeros conciertos por el viejo continente; premios como el “Grammy” con Plácido Domingo; el “Oscar” con Bacalov por “El cartero de Neruda”; su silencioso apoyo a tantos colegas…y los encuentros con su familia y el núcleo de amigos en Florida, la del eterno retorno. Más allá de lo que aparece ante nuestros ojos, subyaciendo a reconocimientos que no le han faltado, hay una convicción muy vívida aunque tal vez no explicitada por su propia humildad: la vanidad y el orgullo (de las que Ulises está en las antípodas) no son, a fin de cuentas, más que reacciones ante éxitos que la conciencia sabe que no merece.
El sigue trabajando como los primeros días, con la sencillez de un vocacional a ultranza. La acumulación de esfuerzo sobre esfuerzo –alguna vez lo hemos dicho- permite que los logros no lleguen como fruto caprichoso de la suerte, sino como resultado natural que siempre requiere continuar. No es preciso ingresar a las esferas de sus afectos más íntimos; las respetamos. Pero debemos decir que en el plano de la cercanía, Ulises tiene natural aptitud para entregarse, para establecer vínculos que forman parte esencial de su vida. En tiempos en que predomina la fragilidad de relaciones y recuerdos, cuando despiertan inseguridades y conflictivas insatisfacciones, él tiene una natural armonía para captar y consolidar lazos. Fuertes. Duraderos.  Desde los más cercanos grupos familiares (con su madre al frente, siempre) hasta los de sus muchas amistades, sabe generar impulsos para estrechar afectos sin fecha de vencimiento. Esa postura espontánea (que hemos sentido de cerca) aleja de toda vulnerabilidad, logrando que la existencia se torne consistente, habitable, capaz de que en ella convivan el gozo y el miedo, el deseo y la calma, siempre el respeto. Su voz nos estremece.
El latigazo, restallante, desencadena una secuencia de ritmos; la melodía nos envuelve y transporta h asta despertar la emoción más profunda. El fuelle se sostiene en el aire y de pronto desciende en forma súbita; la emoción se multiplica, crece en intensidad junto a mil acordes que son vivencias puras . Magia, sin dudas.
Magia de l a comunicac ión sin palabras, colores ni imágenes.
Es la música.
Es un bandoneón.
Es Héctor Ulises Passarella .

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